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martes, 19 de febrero de 2013

Por favor, no me toleres

A ti, que destruyes mi vida y mi felicidad privándome del derecho a la igualdad.
A ti, que te manifiestas a favor de la familia y los valores, algo en lo que yo también creo.
A ti, que no te das cuenta de que vives en la paradoja de que tu opinión y tu religión no se corresponden con lo que practicas.
A ti, que quieres decidir por mi cuando ni siquiera me conoces.
A ti, necesito explicarte mi ejemplo como clara muestra del daño que la desigualdad social y el fanatismo pueden llegar a hacer gracias a la injusticia.

Yo, desde lo más profundo de mi corazón, deseo que las personas tengan libertad para expresar y practicar su fe, sea cual sea esta. No se debe abrir una cruzada contra lo que hagan las instituciones religiosas o sus fieles, pues están en el derecho de escoger sus normas y valores y vivirlos como ellos decidan. Pero deberían entonces hacer lo mismo, no condenar lo que hagan otros seres humanos que no están de acuerdo con seguir sus principios y doctrinas religiosas. He leído palabras como: "Ese amor (que le tenemos a los homosexuales como seres humanos que son) no nos va a permitir pasarle la mano a conductas que nuestros principios bíblicos no aprueban, y con ello me refiero a todo lo que es contrario a las verdades bíblicas".

Señores, ustedes no tienen ni que pasarnos la mano, ni que aceptarnos, ni que tolerarnos, ni que aprobarnos. Yo no tengo que tolerarle a usted por ser nada. Simplemente, no me impongan sus valores. Sigan con los suyos sin obligar a los demás ciudadanos a regirse por sus leyes bíblicas. Imagínense que les obligaran a seguir las normas del Corán, o las leyes budistas. Veríamos por ahí a sus maridos con cuatro esposas (por caer en el cliché) y ayunando unos 29 días al año. Olvídese también de las chuletas y la carne frita, y cómprese una rodilleras y una brújula para hacer sus cinco oraciones diarias.

Debemos medir en amor, el mismo amor que Jesús demostró hacia pobres, prostitutas y marginados, sin vivir condenando las conductas que son diferentes. Dejen de lanzar la primera piedra, y no se llenen la boca diciendo que nos aman cuando nos quitan derechos que son de vital importancia aunque a ustedes les parezca un capricho. Hace treinta años protestaban contra las uniones entre blancos y negros. Conozco a gente que sigue defendiendo la "familia tradicional" cuando han tenido que criar sus hijos solos porque se han divorciado (algo que no hace mucho no estaba permitido por la religión). Conozco familias monoparentales, familias de parejas del mismo sexo... Yo mismo vengo de una familia plenamente "tradicional" como ustedes deciden llamarlas, con mis padres heterosexuales queriéndose y conviviendo por más de 30 años, casados por la Iglesia. Mi hermana no es homosexual, yo sí. Mis padres no se equivocaron en mi educación. No me violaron de pequeño. No tengo traumas más allá de los que me provocan los prejuicios de ciudadanos como tú.

Quisiera ver cómo abordas después de participar en una manifestación en contra de la igualdad de derechos que tus hijos vayan a la escuela y cometan bullying contra otro niño por su orientación sexual. Quisiera verte en la calle ante injusticias reales. Quisiera que tu visión imperialista de evangelizar y obligar a los demás a tener tu estilo de vida y tu mirada religiosa del mundo se convirtiera en energía para ayudar y respetar a los que opinan diferente a ti. Quisiera que miraras lo que nos une, no lo que nos diferencia.

Las cuestiones de derechos civiles no están relacionadas con las leyes que las comunidades religiosas establecen. Yo también creo en la familia y los valores, pero en los mios, no los que ustedes me quieran imponer. Yo no te obligo a casarte si no quieres, yo no te obligo a separarte. No hagas lo mismo. Cuando mi pareja está enferma, cuando mi pareja sufre, cuando la persona con la que comparto mis días y mis noches, los años de mi vida se encuentra mal, a mi me duele tanto como a ti cuando tu esposo o esposa sufre. Porque cuando se trata de amor, ningún dios, se crea en él o no, limita la forma de este. Se trata de que, si mi pareja es de aqui y yo soy de fuera, por más que llevemos años juntos, si no tengo derecho a casarme, no podré quedarme a su lado y tendré que regresar a mi país con la vida rota por una cuestión legal. Se trata de que si él se enferma, yo no tengo derecho a cuidarle en un hospital y tomar decisiones sobre su salud, pues sólo seré su "pareja" sin derechos legales. Se trata de que si algún día mi pareja fallece, no sólo tendré que lidiar con el mismo dolor que tú cuando se muere el amor de tu vida, si no que además tendré el dolor de que las leyes sobre herencia no me protegen. Imponiendo tu ideología destrozas vidas sin darte cuenta de que lo único que queremos es vivir en paz y amor. Yo no quiero limitar tu libertad de opinión y expresión, yo quiero que tengas el derecho de ejercer y vivir tu fe de la forma que quieras. Pero no me obligues a mi a hacerlo porque este asunto va más allá de creencias, de religiones y de fe. Es una cuestión de desigualdad ante la ley.

He vivido en amor, amo mucho y seguiré haciéndolo. No importa a quién. No sé vivir de otra forma. Si sus leyes no me lo permiten, no dejaré de hacerlo. No hace falta que me disculpes. Y por favor, no me toleres.

lunes, 28 de enero de 2013

Soneto a tu respirar

Calma y constancia en el ritmo sentido
que proviene de tu pecho al hincharse
me hace sentirte titán al alzarse
junto al fuerte tambor de tu latido.

Cientos de sinfonías que han venido
quieren de tu aliento apoderarse
para devolvérmelo al levantarme
en la armonía que arropa mi oído.

Sé que no existe mejor melodía
que la que compones en mi regazo
con tu despertar empezando el día.

Te apretaré y no soltaré este lazo,
pues comprendí lo que antes no entendía:
te quiero cuando duermes y te abrazo.

R. (en revisión)

sábado, 8 de septiembre de 2012

A ti, que huyes entre atardeceres equivocados y encuentros desesperados,
que no me conoces pero sabes que existo,
que buscas sin encontrarme y te encontraré sin buscarte,
que llenas con esperanza a quien no avanza y espera.
Te escribo a ti, porque si estuvieras, no tendría que escribirte.

R.

lunes, 29 de agosto de 2011

Una inyección de cosas buenas

Hoy, dentro de las mil cosas que tenía que hacer, ocurrió algo que me hizo sentir de una forma particularmente paradójica. A la vez pude sentir la felicidad por lo que estaba viviendo (lo que provocó a la vez un gran agradecimiento) y por otro lado la tristeza porque, lo que me estaba pasando, no era en mi país. Es una espina que no se me quita, pero que sirve en potencial para agradecer aún más todo lo que recibo aquí.

Hoy, entre montajes, llamadas, ensayos y gestiones, me tomé un momento para entrar en la cafetería del Centro de Bellas Artes y me encontré a dos grandes actrices compañeras a las que admiro, una de las mejores productoras del país y un crítico de teatro. Cuando llegué, sin entender, me dijeron: "Mira, de ti estábamos hablando". Pregunté intrigado por qué, todos me conocen por haber trabajado juntos pero no esperaba que le estuvieran hablando a otra persona que no me conoce sobre las cosas que soy capaz de hacer. En realidad me pasmé y no supe ni qué decir para agradecer lo bonito que fue el momento para mi.

Hoy, entre risas y charlas, "el actor español invitado" se sintió el "teatrero español que vive en Puerto Rico".

Hoy es el día en que siento el reconocimiento de mi trabajo. No es la fama de que te reconozcan en la calle, es el hecho de que tus compañeros reconozcan tus capacides. Y sé que como hoy, cada día, cada vez que alguien piensa en recurrir a mi por mi forma de responder, por mi disponibilidad, por mi talento para actuar o cantar en todo tipo de obras, por confiar en mi como productor o por otorgarme fondos para seguir haciendo teatro en Puerto Rico, debo dar las GRACIAS.

Hoy veo a muchos compañeros que no tienen la misma suerte que yo de salir de un proyecto y entrar en otro, de ser lo menos inestable posible dentro de la inestabilidad de cualquier profesión artística.

Hoy, incluso, ver a un mendigo bañándose con agua de un charco, me estremeció por apreciar que pago mis cosas con dinero ganado haciendo lo que amo, que trabajo en lo que amo y que lo único que sé hacer y quiero hacer el resto de mi vida es lo que amo. Y no todo el mundo tiene ese privilegio.

Hoy, quiero ser como ese teatrero de Puerto Rico que hace decenas de producciones para seguir adelante, ese teatrero versátil que no he conocido en ningún otro lugar del mundo. Y no voy por mal camino, en 4 años he trabajado en más de 20 producciones como actor, asistente de dirección, productor, asistente de productor, regidor, maestro...

Hoy, no me quiero ir nunca de un país que me ha demostrado y dado tanto.

Hoy, el hecho de que otros me quieran aquí, me hace quererme un poquito más a mi mismo.

Hoy, la pregunta de si me gusta vivir en Puerto Rico, sobra.

Hoy, a todos los que han confiado en mí (y eso incluye a los de España que entendieron y aceptaron que debo estar aquí): GRACIAS.

miércoles, 17 de agosto de 2011

No me llames extranjero

No me llames extranjero porque haya nacido lejos,
o porque tenga otro nombre la tierra de donde vengo.
No me llames extranjero porque fue distinto el seno
o porque acunó mi infancia otro idioma de los cuentos.
No me llames extranjero si en el amor de una madre
tuvimos la misma luz en el canto y en el beso
con que nos sueñan iguales las madres contra su pecho.

No me llames extranjero, ni pienses de dónde vengo,
mejor saber dónde vamos, adónde nos lleva el tiempo.
No me llames extranjero porque tu pan y tu fuego
calmen mi hambre y mi frío, y me cobije tu techo.
No me llames extranjero, tu trigo es como mi trigo,
tu mano como la mía, tu fuego como mi fuego,
y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño.



Y me llamas extranjero porque me trajo un camino,
porque nací en otro pueblo, porque conozco otros mares,
y un día zarpé de otro puerto,
si siempre quedan iguales en el adiós los pañuelos
y las pupilas borrosas de los que dejamos lejos,
y los amigos que nos nombran y son iguales los rezos
y el amor de la que sueña con el día del regreso.

No, no me llames extranjero, traemos el mismo grito,
el mismo cansancio viejo que viene arrastrando el hombre
desde el fondo de los tiempos, cuando no existían fronteras,
antes que vinieran ellos, los que dividen y matan,
los que roban, los que mienten, los que venden nuestros sueños,
ellos son, ellos son los que inventaron esta palabra: extranjero.

No me llames extranjero, que es una palabra triste,
que es una palabra helada, huele a olvido y a destierro.
No me llames extranjero, mira tu niño y el mío
cómo corren de la mano hasta el final del sendero,
no los llames extranjeros, ellos no saben de idiomas,
de límites, ni banderas, míralos, se van al cielo
por una risa paloma que los reúne en el vuelo.

No me llames extranjero, piensa en tu hermano y el mío,
el cuerpo lleno de balas besando de muerte el suelo,
ellos no eran extranjeros, se conocían de siempre
por la libertad eterna e igual de libres murieron.
No me llames extranjero, mírame bien a los ojos,
mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo,
y verás que soy un hombre, no puedo ser extranjero.

Rafael Amor

sábado, 11 de junio de 2011

¿Qué es el Amor?

El ser humano constantemente se plantea y cuestiona qué es el amor. Y no me refiero a lo que uno siente por sus seres queridos, su familia allegada o el cariño por un espacio, objeto o lugar. No me refiero al amor a tu país, al amor a tus hermanos, el amor a tu bandera o el amor que sientes por la mascota que cuidas. Todas estas versiones de amor no tienen un punto de elección, es un sentimiento que uno tiene por consecuencia de haber nacido en un lugar, en una familia y en un momento específico, de tener una serie de experiencias. Entonces, ¿el Amor sentimental, se puede elegir?

Yo quiero hablar del Amor, el amor de una relación, el amor que, como seres humanos, nos hace establecer un compromiso, el que te hace decidir compartir una vida con alguien y caminar en la misma dirección. El Amor que cambia de cara, cambia de nombre, de forma y de intensidad. Pero que cuando se va, duele de la misma manera.

Yo volví a perder el mío cuando ni siquiera quería encontrarlo. Yo no he podido en mi camino recorrido tomar una decisión sobre hacia quién enfocar mis sentimientos. Yo no soy un ser racional. Yo no soy racional. Yo no. Mi búsqueda es constante: soy un eterno enamorado.

Durante mucho tiempo he intentado controlar lo que he sentido, aprender de mis experiencias y de las de los demás, escuchar los consejos de mis amigos y de la gente con quien comparto mis problemas. Pero no lo he logrado. Me he dado cuenta de que no sé controlar a Amor, y que Amor, en mi caso, no se puede elegir. Sería fácil decidir amar a quien más te ama, pero conmigo no funciona así. Sin embargo, conozco gente que cree poder, que controlan sus sentimientos a base de sus intereses y conveniencia y, aparentemente, la felicidad no les falta. Tal vez lo que pasa es que, en este momento de sus vidas, lo único que quieren amar es a sí mismos. O no. Tal vez, simplemente, Amor existe de forma diferente en cada ser humano.

Por los momentos de felicidad y compañía, por los problemas superados, por las excursiones que se quedaron pendientes, por aquel estratégico café que te lleve a casa, por la gastronomía compartida (te regalo mis croquetas y te robo tus papas molestas), por las Navidades en España, por Juno, por mi cara al conocer a Sofía. Amor, empecé escribiéndote en general, y acabé haciéndolo personal.

Hace tiempo te escribí que te necesitaba. Pero hoy descubrí cuánto.

jueves, 9 de junio de 2011

Si no te sale escribirlo, busca dónde leerlo

VIDA

Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.

Grito «¡Todo!», y el eco dice «¡Nada!».
Grito «¡Nada!», y el eco dice «¡Todo!».
Ahora sé que la nada lo era todo,
y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.
(Era ilusión lo que creía todo
y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo,
después de tanto todo para nada.

José Hierro